
Es difícil ser imparcial con alguien con quien se compartió la infancia, las confidencias adolescentes, el fervor por los amores, las lágrimas de las despedidas fútiles y también las de las finales, la risa, la risa, la risa y el ridículo de episodios inefables, las charlas profundas, los recuerdos y los despertares comunes, las vivencias... La vida, en suma.
Pero estoy convencida, de que tanto los premios -marmolitos- que ha recibido, como el placer, la pasión y la magia que provoca su lectura, son muestras de la exquisitez de sus textos que reflejan la de su espíritu.
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