
Con su espeso agridulce
como el vino, un acariciar de gaita
empaña el aire entre nostalgias.
Hasta desteñir el paisaje
a contraluz se desdibuja
y tan femenina por el golpeteo
hasta otro cielo la pandereta
sonríe al ritmo de sus lunitas.
Y llueve y es de grises
el recuerdo a tientas que se derrama
detrás de aquel sentimiento
de aldea en Galicia
que rechina soledad.
comentario recibido y copiado:Daniel J. Montoly dijo...
Querida Silvia:
He pasado por su hermoso blog a disfrutar de sus poemas, y por que no, he dejado algunas huellas.
Con afectos.
Daniel
Querida Silvia:
ResponderEliminarHe pasado por su hermoso blog a disfrutar de sus poemas, y por que no, he dejado algunas huellas.
Con afectos.
Daniel